Quilapayun
Informació
Membres:
Eduardo Carrasco
Carlos Quezada
Hernan Gomez
Ruben Escudero
Hugo Lagos
Guillermo Garcia
Ricardo Venegas
Ismael Oddó
Sebastian Quezada
Fernando Carrasco
Ricardo Venegas hijo
Segell discogràfic:
WARNER MUSIC
Admiradors
Esdeveniments

1 esdeveniment properMostra'ls tots

 

GUSTAVO BECERRA

por Eduardo Carrasco

Conocí a Gustavo Becerra en el Conservatorio, cuando estudiaba composición. Yo había escuchado alguna de sus sinfonías, su concierto para violín y una obra orquestal, cuyo nombre no recuerdo, pero que a menudo programaba la Orquesta Sinfónica de Chile cuando se trataba de difundir música nacional. También conocía sus cuartetos de cuerda, que eran muy apreciados por los melómanos de esa época. Era un hombre de baja estatura, pero enérgico, que hacía sus clases moviéndose incesantemente de un lado para otro y que daba muestras de gran sabiduría. Sus condiciones musicales excepcionales eran reconocidas por todos y hasta alentaban una suerte de mito en turno suyo. Recuerdo que si de pronto, en medio de la clase, sonaba una cañería, o se escuchaba un ruido proveniente de la calle, o el sonido de unas llaves que caían al suelo, inmediatamente Gustavo decía: “do sostenido” o “re bemol” y se dirigía al piano para comprobarlo. Siempre acertaba. Como profesor tenía un maravilloso poder para convencernos de que todo era fácil, de que todo era accesible, de que todo era cuestión de ponerse a trabajar. Ninguna idea musical de las que le llevábamos para analizar, le parecía fuera de lugar; todo lo recibía con la mayor naturalidad, desde esbozos de sonatas híper-románticas, hasta vanguardistas construcciones en las que se suponía que terminaban haciendo pedazos un violín a martillazos o tocando la trompeta con un fuelle de fundición. Su ecumenismo musical era tan extremo que resultaba a veces irritante, pero ello era más que todo debido a nuestros propios prejuicios. Con cualquier cosa se podía hacer música y no iba a ser él quién nos detuviera en nuestros ímpetus primerizos. Así,creo que Gustavo nos abrió de par en par las puertas de la música, nos hizo más libres y menos dogmáticos y nos ayudó a creer en nosotros mismos.

Lamentablemente, sus clases no duraron mucho, porque pronto fue nombrado Agregado Cultural de nuestra Embajada en Alemania y partió a Europa. Fue allí donde volvimos a encontrarnos en alguna de nuestras giras con el Quilapayún durante la época de la Unidad Popular. Cuando, finalmente, en setiembre de 1973 vino el Golpe que nos sorprendió en Francia, una de las primeras personas a las que contactamos, fue a él. Con Gustavo, con los Intis que se encontraban en Italia y con algunos otros amigos esparcidos por el mundo, formamos durante algunas semanas una red de información, a través de la cual compartíamos las noticias que nos llegaban desde Chile. Gustavo fue el centro de las primeras actividades de solidaridad que se organizaron en Alemania y que posteriormente dieron lugar al gran movimiento de solidaridad con Chile que se desarrolló en ese país. Durante esos años visitamos Alemania muchas veces y cada vez que pasábamos cerca de Oldenburg, Gustavo venía a saludarnos. Más de una vez cantamos en la propia Universidad donde él hacía clases y en la que fue siempre reconocido como una verdadera eminencia.

En alguno de esos encuentros surgió la idea de hacer algo juntos. Gustavo tenía pensado pasar un verano en España y cuando pasó por Paris hizo un alto en nuestra Tour de Colombes, donde lo recibimos a él y a su señora, Flor Auth, con el mismo cariño que siempre les manifestábamos. Una noche, justo antes de que partiera, le conté que hace tiempo teníamos el deseo de cantar una fuga y que no habíamos logrado hacer una. “¿Tienes algún texto de García Lorca?” – me preguntó interesado. Y agregó: ”¡Tráemelo!”. Yo, felizmente, tenía en mi casa una pequeña recopilación de poemas del poeta andaluz y se la llevé. A la mañana siguiente, cuando nos estábamos despidiendo me pasó la partitura del “Memento”, obra que hemos cantado después en cientos de recitales. Algo parecido sucedió con la fuga “Revolución”, nacida de una conversación en su casa de Oldenburg, en la que comentábamos el tour de force que sería unir todas las canciones revolucionarias emblemáticas en una sola obra y utilizando una sola palabra. Al otro día, mientras tomábamos desayuno, me pasó la partitura de “Revolución”, fuga mucho más desarrollada, que felizmente grabamos rápidamente y que apareció muchos años después en Chile incluida en el disco “La vida contra la muerte”. Le encantaban estos desafíos, que para él eran fáciles de realizar y disimulaba su satisfacción cuando le expresábamos nuestra admiración.

Era un hombre metódico hasta el extremo, rasgo que probablemente le venía de sus orígenes alemanes. Recuerdo que un día se dio un golpe en la cabeza con una ventana. Un golpe que parecía uno de tantos, pero que trajo sus consecuencias. Un día Gustavo se dio cuenta de que le costaba hacer operaciones aritméticas con ciertos números y llegó hasta identificar exactamente cuáles: por ejemplo, desde el 547, hasta el 735. El médico insistía en que no se preocupara, pero finalmente accedió a hacerle exámenes más profundizados. Se descubrió que en su cerebro había un coágulo y que tenía que ser operado de urgencia. Así se hizo y felizmente el asunto no le trajo mayores consecuencias. Lo sorprendente fue su acuciosidad que lo llevó a determinar exactamente la gravedad de su mal.

Pero nuestros trabajos más ambiciosos fueron las Cantatas “América” y “Allende”. En ambos casos, tuve que ir a visitarlo en Oldenburg con el objeto de precisar algunas cuestiones relativas a las posibilidades instrumentales y vocales del conjunto. Se trataba de obras escritas a medida y era necesario decidir de manera muy precisa quién iba a hacer cada cosa escrita. Así, pude entrar un poco en su intimidad y conocer su curioso modo de trabajar. Tenía tal dominio de la escritura musical, que escribía su obra mientras comentábamos las noticias de la televisión e intercambiábamos impresiones con su mujer sobre la situación chilena. Recuerdo que en el caso de “Allende” le sugerí agregar un piano en la parte final y él, sin dejar de conversar, escribió la partitura de punta a cabo en no más de media hora. Era prodigioso.

Lo divertido es que él sabía trasmitir esta naturalidad de trato con la música escrita a todos los que nos acercábamos a su trabajo. Y eso fue exactamente lo que ocurrió cuando montamos “América”, en el invierno del año 1978, en que él nos llevó la partitura final a Colombes, y nosotros pudimos detener el ritmo desenfrenado de conciertos durante algunos días, para poder trabajar con él. El día del ensayo, nos sentamos en círculo en la escena del teatro de Colombes, que el administrador amablemente nos había prestado, y él nos distribuyó las partes. Hasta ese momento, no habíamos trabajado nunca con partituras, porque entre nosotros había quienes jamás habían hecho estudios de música. Yo iba a comenzar a explicarle esto para que Gustavo no se hiciera demasiadas ilusiones, pero él justo en ese momento dio la partida: “uno, dos, tres…”. Lo que ocurrió fue un verdadero milagro. La música sonó de inmediato y el ensayo tuvo lugar de principio a fin como si todos hubiéramos sido avezados lectores de partituras. Montamos la obra en algunos días y hasta tuvimos tiempo para realizar un seminario sobre música chilena, al que invitamos a Los Jaivas y a todos los músicos nacionales que en ese momento se encontraban en Paris. A partir de ese momento, todo lo que hicimos fue con partituras escritas, lo que aumentó nuestras posibilidades expresivas. Lo que vino después no sería explicable sin este aporte que nos vino de Becerra, quien nos enseñó música con el mismo método que utilizan ciertos profesores de natación, que sin mayores explicaciones empujan a sus desconcertados alumnos directamente a las aguas profundas. Es verdad que en el caso nuestro el pataleo duró bastante poco, porque en muy breve plazo nuestra modalidad de trabajo cambió del cielo a la tierra. Además, aprendimos nuevos recursos musicales, como la politonalidad y la poliritmia, que nunca antes habíamos usado y que son desconocidas en la música popular.

Después vino el “Allende”, con nuevas visitas nuestras a Oldenburg y nuevas venidas de Becerra a Paris. Lo montamos completo y hasta hicimos una grabación no profesional que por el momento se encuentra perdida. Es una obra bellísima, con un final impresionante. Nunca pudimos presentarla en público y se quedó sin grabar, porque en esa época no encontramos los medios para hacerlo. Golpeamos varias puertas, pero lamentablemente ninguna de ellas se abrió. He sabido que algunos jóvenes músicos se han estado interesando en ella y tal vez algún día se haga por fin una presentación de este trabajo. Sería un hermoso homenaje a dos hombres que desde sus vidas respectivas, uno desde la música y el otro desde la política, le entregaron un hermoso presente a Chile.

Una de las experiencias más cercanas la vivimos cuando ambos fuimos invitados al famoso Foro sobre la Cultura Chilena que tuvo lugar en Torum, Polonia, en mayo de 1979, el mismo donde conocí a Matta. Nos tocó compartir la habitación del Hotel y como en ese preciso momento estaba ocurriendo el encontronazo que varios artistas empezamos a tener con los dirigentes comunistas, esa fue la feliz ocasión de discutir en profundidad nuestras ideas al respecto. Ambos compartíamos la crítica al stalinismo y ambos estábamos molestos con la actitud bastante doble de Volodia Teitelboim al respecto, que por un lado aparecía como el gestor de estas acciones culturales de solidaridad con Chile, pero por otro alentaba una línea dura dentro del Partido. El término de ese Foro fue muy desagradable para nosotros, porque a pesar de que le habíamos advertido a los organizadores que teníamos compromisos que nos obligaban a partir en un determinado día, ellos se desentendieron de nuestro problema y no hicieron las reservas necesarias. Nos enfrentamos con la burocracia polaca y finalmente logramos pasajes en tren hasta Berlín y desde ahí en avión hacia nuestros destinos finales. Tuvimos que hacer el viaje en tren, parados, porque no había asientos, lo que nos permitió largas horas de conversación sobre los problemas del “socialismo real” que, tal como se estaba presentando, no nos gustaba nada. Gustavo fue tan crítico de las dirigencias comunistas como nosotros, aunque sus posicionamientos no fueron muy difundidos. Su sentido de la libertad y su feliz experiencia en la Universidad de Oldenburg, que fue la institución que con mayor justicia reconoció sus méritos como profesor y como compositor, lo apartaban de todas estas visiones dogmáticas que tanto daño hicieron al movimiento popular chileno.

Después de todo esto, vino el término del exilio y poco nos encontramos. Solo una vez, en la que él visitó Chile y en la que hablamos más de nuestras vidas que de nuestros proyectos musicales. En lo personal, fue un gran amigo, cercano, considerado, responsable y generoso. Como músico, creo que dejará una huella decisiva en la música chilena. Sus alumnos son todos grandes músicos de nuestra época, Sergio Ortega, Luis Advis, Cirilo Vila, Fernando García, Miguel Letelier, entre otros. Su catálogo de obras es impresionante y la mayor parte de ella nunca ha sido presentada en Chile. Ella incluye música sinfónica, conciertos para diversos instrumentos, oratorios, cantatas, música de cámara, canciones, obras electroacústicas y un sin fin de cosas más. Tal vez ahora con su muerte, las instituciones nacionales puedan hacerle justicia. Es cierto que muy joven, en 1971, se le otorgó el Premio Nacional de Arte, pero el verdadero reconocimiento de un compositor viene del conocimiento y de la difusión de su obra.

Lo veo mirándome fijamente detrás de sus anteojos, siempre serio, expresándome su preocupación por lo que pasaba en Chile, contándome alguna anécdota de sus relaciones con Neruda o hablándome del éxito de alguna de sus obras sin la menor arrogancia, como si se tratara de la cosa más natural del mundo. Parece que su enfermedad fue lenta y dolorosa. Sé que la llevó con la serenidad del hombre sabio que siempre él fue. Su historia se cruzó un momento con la nuestra y de ese cruce quedaron en nuestra alma destellos de luz que difícilmente se apagarán. Aunque nuestro arte haya agregado solo un granito de arena a la grandeza de su obra, eso nos llenará siempre el corazón de orgullo, de alegría y de gratitud. Por eso es con cariño y admiración que hoy día lo despedimos. Amigo Gustavo: como es el caso de todo gran artista, tu obra sobrevivirá a tu paso por la tierra. Esa es la única eternidad a la que aspirabas. Dejas nueva belleza en este mundo que abandonas. Fuiste profundamente solidario con los dolores de tu pueblo. Eso justifica ampliamente tu vida. Nosotros no te olvidaremos y esperamos que el resto de los chilenos tampoco. Hasta siempre.


PorAlejandro Tala / La Nación

El Patagual se vestirá de fiesta los días 22, 23 y 24 de enero. Sabina tocará el último día y el 26 en el Espacio Riesco, el español está promocionando su último disco “Vinagre y rosas”.

En alza. Como todos los años, Olmué calentó la parrilla de enero. Con menos presupuesto que el certamen de Viña del Mar pero con bastante más astucia programática, este festival crece cada año sin perder en raíces y contemplando además artistas internacionales de categoría. Quizás algo que debería considerar la producción de Viña del Mar, porque un artista no depende necesariamente de la coyuntura de su disco, un buen artista es artista hasta el día que baje del escenario. Lo demostraron con Feliciano. Pero Viña se equivoca y trae a gente como Reik, banda con fecha de vencimiento.

Olmué, en tanto, ha decidido no realizar competencia para celebrar el bicentenario. Prefirió, en cambio, la realización de homenajes a los grandes compositores de la música nacional. Víctor Jara, Violeta Parra, Francisco Flores del Campo, Nicanor Molinare, Jaime Atria y otros fundamentales de la música local, serán recordados por algunos de sus pares actuales. Y si los homenajeados son diversos, los interpretes aún más. Desde Los Quincheros a Alexis Venegas, pasando por Los Huasos de Algarrobal, los hermanos Coulon (de Inti Illimani), Ángel Parra y Las Cuatro Brujas.

En el plano del espectáculo los fichajes son igualmente interesantes. Joaquín Sabina es la gran carta que el día 24 de enero viene a presentar “Vinagre y Rosas”, su más reciente producción que no ha sido muy bien recibida en España pero que el público chileno todavía no conoce en vivo (además seguro que repasará su historia).

En el humor, sin embargo, no hay jugadas muy atrevidas. Dino Gordillo intentará repetir el éxito conseguido anteriormente y La Rupertina… quién sabe.

De la música local destaca la presentación de Quilapayún, el grupo de Concepción y radicado en México Los Bunkers, Los Trukeros y el hasta hoy inigualable Zalo Reyes. De Argentina, la cantante Soledad saldrá a escena y el resucitado sound de Ráfaga también tendrá un lugar en la medialuna. El romanticismo lo subirá a escena el efectivo repertorio de Natalino y en el baile, la incombustible historia de la Sonora Tommy Rey.


RECUENTO DEL CAMINO RECORRIDO

Foto: Natalia Cea

Por Hernán Gómez


El Amigas y amigos del Quilapayún,

Vamos caminando, casi sin darnos cuenta, por los cuarenta y cinco años de carrera del conjunto.

Es el momento de agradecer a todos ustedes, público, artistas, productores, colaboradores y a quienes en todas las latitudes nos han apoyado estos últimos años en nuestro combate contra el olvido y la distorsión.

Gracias a ustedes hemos reanudado lazos que parecían rotos y recomenzado una actividad que en los años noventa y principios de los 2000 estaba por los suelos. Paulatinamente logramos corregir ese estado de cosas. En efecto, la realidad es que un año después de septiembre del 2003, ya habíamos dado tantos conciertos como en los diez años precedentes.

Ese año, nos reencontramos los de siempre, inaugurando en Santiago el concierto en homenaje al Presidente Allende, ante más de 30 mil personas. A esta presentación le siguieron conciertos en Chile, Inglaterra y Ecuador. De las presentaciones en Santiago se editaría posteriormente el primer DVD del conjunto, “El Reencuentro”.

El 2004 volvemos a Quito y a Chile, donde nos reunimos con nuestros hermanos del Inti-Illimani históricos en 3 maratónicas jornadas en el Estadio Víctor Jara, del cual editaríamos más tarde el DVD “INTI+QUILA, Música en la Memoria”.

En 2005 celebramos nuestro 40 aniversario con espectáculos en distintos países de Sudamérica y Europa. En París actuamos a tablero vuelto en el Trianon junto al Inti-Illimani Histórico. Esto, después de quince años de ausencia de los escenarios parisinos.

El 2006, reincidimos en París, con la Cantata Santa María: dos días en la Cigale con Daniel Mesguich. También es el año de nuestro regreso a España, actuando en Fuentevaqueros, para un homenaje al poeta García Lorca.

2007 fue el año del centenario de la masacre de Iquique. 2 memorables giras por Chile junto las orquestas juveniles interpretando la Cantata Popular Santa María de Iquique. Es precisamente Iquique, la ciudad que nos distingue a través de su alcaldesa y regidores. También giramos por Canadá con éxito, después de más de veinte años.

También editamos el CD “Siempre”, un título que resume nuestro espíritu y compromiso.

El 2008 volvemos plenamente a Francia, con una gira por el sur oeste. Destacamos también el reencuentro emotivo y popular con el México de Tlatelolco, de Hiquingari y la Quilapayunia, como también la vuelta a Zaragoza y Barcelona gracias a Marcial y Lourdes Mira. Esto es significativo porque después de un largo apagón en España, el prestigioso Periódico de Catalunya anunció nuestro espectáculo de Barcelona como el regreso del “Quilapayún auténtico” y el concierto fue un éxito. Anduvimos en Palestina, Suecia y Nicaragua, finalmente clausuramos el año en el Folies Bergère de Paris con los Intis y Paco Ibañez en el marco del Festival Salvador Allende.

Así mismo, 2009 ha sido abundante en emociones y contrastes. Comenzamos en Tarragona y Cataluña. Pocos días después cantábamos en Mendoza y en seguida en el estudio de Eduardo Vergara en Santiago grabando el disco “Solistas”. Nuestras últimas actuaciones en Chile, Finlandia y Francia, confirman en este año una actividad que sin ser intensa, demuestra un interés renovado por el Quilapayún.

En efecto, la gira del 2009 por Chile fue un éxito de público y de crítica. El espectáculo “Homenaje a Víctor Jara”, que preparáramos con el respeto y dedicación que su memoria merece, nos conmovió a todos, a ustedes y a nosotros. Todos juntos volvimos a revivir años significativos a través de algunas de sus canciones que han adquirido una nueva estatura, demostrando que Víctor era un gran artista, cuya obra trasciende más allá de su ausencia. Un DVD grabado en el concierto del Teletón, será el testimonio único de estas jornadas.

Finlandia nos dio un espaldarazo, en una sala repleta de un público caluroso. Helsinki nos hizo recordar nuestros primeros años de exilio y nos reunió una vez más, después de 24 años con esos excelentes cantantes y músicos que son Marty, Pekka, Sinikka y Monna; los “Agit Prop”, sin olvidar a Ero Ojanen fabuloso pianista y Kay Sidenius insigne compositor quien vino a vernos a pesar de una salud precaria.

Ricardo Venegas e Ismael Oddó, durante el concierto en el Chatelet, Septiembre-2009

Foto: Valerie Mullier

El concierto del Châtelet nos impactó por la calidad de la respuesta del público parisino. Fue muy emocionante, al final la gente no quería que dejáramos el escenario y unas cien personas nos esperaron a la salida del teatro para conversar con nosotros, entre ellos varios periodistas. Estas muestras de simpatía me hicieron recordar el Bobino de Paris, es decir nuestros mejores años en Francia.

Les contaremos que en París, para el 2010, productores y asociaciones nos están preparando un tinglado, con la participación de otros artistas. Todo esto se agrega a la salida del CD “Solistas” que no tardará en aparecer en las tiendas de Santiago. México está nuevamente en la mira y por supuesto también Chile. A los buenos resultados se agregan buenos augurios que ojalá se cumplan.

Pero nos hace falta el Willy, quien si fuera aún de este mundo estaría como nosotros, feliz de este recuento. Le debemos una canción y mucho más de eso al Willy. En el nuevo CD “Solistas”, hay un tango en su homenaje, compuesto por Ismael y Eduardo, interpretado por Carlos como solista.

Igualmente antes de fines de año el DVD del homenaje a Víctor debería quedar listo.

Reciban un fraternal saludo del Quilapayún de siempre.

Hernán Gómez

Paris, 10 de octubre de 2009.

Mostra més notes