El cable se enreda por una combinación de dos cosas. En términos técnicos es por una combinación de estadística y teoría de nudos, pero me voy a saltar los tecnicismos. No tiene que ver con que lleven dos imanes, aunque suene a correcto. Los cables sin cargas, ni nada eléctrico, también tienden a enredarse si dejas sueltos los extremos. La primera cuestión es el número de formas que tiene un cable de enredarse. Hay una teoría matemática que se llama teoría de nudos que ayuda a contar el número de formas en que se puede anudar un hilo sobre sí mismo o sobre otros hilos. Resulta que el número de formas en que se puede liar un nudo más y más es mucho más grande que el número de formas en que puede permanecer desanudado, que es básicamente uno (nota para expertos: aunque hay una cuestión sobre difeomorfismos, pero si cocientamos por difeomorfismos las conclusiones sobre los cardinales son las mismas). Y ahora viene la estadística. Hay un principio de la física que dice que todos los sistemas tienden a adoptar una situación que sea mucho más probable. ¿Qué es una situación más probable? Es un grupo de situaciones equivalentes todas ellas entre sí en que, siendo diferentes en pequeños detalles, forman una configuración que es indistinguible para nosotros, porque somos “ciegos” a esos detalles. Tomad por ejemplo una baraja española perfectamente ordenada por palos. Si alguien la deja encima de la mesa y pasa el tiempo y los que llegan después empiezan a manejarla (cortan, barajan, etc.) al cabo de un tiempo estará desordenada. La madre naturaleza no sabe que está desordenada, para ella, como buena madre, todos sus hijitos (las configuraciones de la baraja) son iguales, independientemente de lo feas que sean. Somos nosotros (concretamente quien la colocó ordenada al principio) los que nos cabreamos cuando volvemos y vemos que no está como la habíamos dejado. Igual que el cable de los auriculares.
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